Flores para mis abuelas

Dos floresMañana es el día de Todos los Santos, todos los cementerios de España se verán cubiertos de flores y miles de personas visitarán a sus seres queridos que ya no están entre nosotros.

Yo quiero hacer mi especial visita a las dos mujeres que más he querido, y de las que me enorgullezco. Ellas son; mi bisabuela Engracia y mi abuela Luz. Dos mujeres de órdago, luchadoras, trabajadoras, duras. Nacieron en el campo, cuando la vida no era tan fácil como ahora. Pasaron una guerra civil, donde hubo mucha miseria y mucho hambre.

Ellas criaron a sus hermanos, después a sus hijos, más tarde a sus nietos y por último a sus bisnietos. A mí me criaron ellas. Aún recuerdo a mi “bisa Engracia” como si fuera hoy. Desde que nací conviví con ella. Mi madre por circunstancias de la vida, tuvo que irse a trabajar fuera de la ciudad. Yo pasé a manos de mi abuela y de rebote con mi bisa, que vivía también con nosotros.

Ella siendo pequeñitos nos cuidaba, y defendía, sobre todo de mi abuelo. Hombre de armas tomar, que entendía muy bien la ley del cinto. Aún recuerdo siendo bebé (anécdota que me contaba mi abuela), se quedó la abuela Engracia (como la solíamos llamar) a cuidarme. Mi abuela Luz se fué a trabajar, cuando volvió la escena la siguiente: yo, en el suelo de la cocina envuelta en una toquilla (tendría 3 meses), durmiendo placidamente y mi bisa sentada en una silla al lado mío, dormida igual que yo. ¡El susto que se llevó la pobre cuando la despertaron y vió que no me tenía en brazos!. Se supone que ella me cogió para dormirme y resulta que ella también se durmió; con lo cual, yo me fuí al suelo. ¡ Pero ya vés!, una que tiene la cabeza dura y ni me enteré.

Lo del sueño a mi bisa la jugó malas pasadas. Otro día le tocó el turno a mi hermano. Se quedó a su cargo y él , que era un guindilla, se puso a jugar al escondite. Se metió debajo de una cama y mi bisa se puso a ver la tele, se quedó dormida y mi hermano también. Cuando volvimos, la encontramos toda ofuscada, diciendo que se había quedado dormida y que no encontraba al niño ¡menudo disgusto que tenía!. Mi hermano por aquel entonces tendría unos 5 años. Ella creía haber oido la puerta, no hacía más que pensar que la había abierto y se había ido a la calle.

¡Si la llegáis a ver!, pobrecilla. Revolucionamos a todo el mundo, llamando a los vecinos. Bajamos a la calle. Buscando por todos sitios. Vinieron todas las vecinas de la planta. ¡Menuda movida!. Media calle revolucionada.

Cuál no es nuestra sorpresa cuando de repente vemos a mi hermano salir del cuarto frotándose los ojos, todo sopa, diciendo ¿qué pasa?…..Con el follón se había despertado. Hasta se asustó de ver tanto lío. Mi bisa abrazándolo ¡ayy mi niño!. Todavía me acuerdo y me dá la risa. Pero el susto..morrocotudo.

Tengo muchas anécdotas con ella. Recuerdo de niña, compartíamos cuarto. Ella tenía costumbre de irse muy pronto a la cama y cuando iba yo, la mayoría de las veces estaba dormida. Pero cuando tenía miedo porque había visto una película o cualquier cosa, yo tenía mi truco. Antes de acostarme la movía el hombro y la decía ¡abuela,abuela!, ¿a qué no me cuentas el cuento de la MariCastaña?. ¡No fallaba!, ahí me contaba el cuento completo, y yo me quedaba dormida en un plis plas.

A veces me hablaba de la guerra, de los nacionales y los rojos. Ellos vivían cuando aquello en el pueblo, con lo cuál eso les dejó en la miseria absoluta. A pesar de todo, mis abuelas siempre estuvieron muy orgullosas de que en su casa nunca faltara de comer. Eso hizo que la gente se ayudara entre sí para salir adelante. A mis abuelas las querían mucho y es porque siempre en su casa era bien acogido cualquiera, nunca faltaba un plato de comida, echar una mano a quién lo necesitara. Recuerdo que cuando se fueron a Santander, venían a visitarlas vecinos y amigos del pueblo. Llegué a conocer a una gente estupenda. Tanto a mi bisabuela Engracia como a mi abuela Luz, aunque yo a las dos las llamaba abuelas, las quería todo el mundo. No es de extrañar, ya que nunca he visto a nadie tan bueno, ni tan generoso en todos los sentidos.

Engracia fué la que me puso el nombre que hoy obstento, María de las Mercedes. Ella era muy devota y al igual que ella, nuestros nombres son el santo del día. Su santo y cumpleaños era el 16 de abril. Pobrecilla, murió un 8 de marzo, no pudo celebra su 96 cumpleaños.

Su muerte para mí fué un terrible dolor, yo tenía unos 15 años. Estaba en el baño peinándome, cuando vino mi abuela Luz y me dijo (nunca lo olvidaré), la abuela Engracia se está muriendo…

Días atrás había venido el cura de la parroquia a darle la extrema unción por petición propia. Ella se veía muy malita y creo que sabía que la quedaba poco. Aún así luchó hasta el último momento. Ese 8 de marzo asistí a su muerte, mi abuela y yo la acompañamos en su último momento, al pie de su cama, hasta que expiró.

¡No me lo creía! , no podía ser…mi buelilla. Lloré a mares, nunca hasta aquel momento sentí tanta tristeza. Pero ahora con el tiempo la agradezco haber pasado parte de mi vida con ella, haberme dado tanto y poder decirla lo mucho que la quiero, ella sigue conmigo en cada momento. Un beso abuela Engracia.

Mi otra abuela, Luz, fué la que siguió su  estela, tiró siempre del carro. Una “mujerona” como se suele decir, con mucho genio. Ella nos entendía a la perfección, era la que mantenía la casa unida. Siempre estaba ahí. Ya después, cuando nos fuímos independizando, era el sitio de visita siempre.

Cuando mi abuelo enfermó , ella lo cuidó y aguantó hasta que no pudo más. Mi abuelo sufrió varias trombos, complicadas con un tema de demencia senil. Había que darle la comida a través de una sonda, cambiarlo, etc..Yo cuando podía la echaba una mano, al igual que los demás; pero la mayor parte se la llevó ella. Estuvo varios años así, ya por último tuvo una crisis y del hospital le llevaron a una clínica para enfermos crónicos donde estuvo casi dos años más. Aún recuerdo sus viajes diarios a la clínica. Mi abuelo por último ni la conocía, pero ella ahí estuvo dando el callo hasta el final.

Yo la admiro porque siempre estuvo dándolo todo. Primero con sus hermanos, ella era la mayor y mujer con lo cuál tuvo la obligación de cuidarlos y ayudar en las tareas a su madre. Después con sus hijos, mi abuelo sólo se encargaba de ir a trabajar, y ella del resto. Nosotros, sus nietos, la vinimos de rebote. Incluso estuvo féliz la última parte de su vida con mis hijos; sus bisnietos. Yo orgullosísima de que ellos pudieran disfrutar un tiempo, aunque no fue mucho, de su bisabuela.

Debido a una caída se fracturó una cadera, con lo cual le pusieron una prótesis. Se recuperó enseguida, era una mujer dura. Pero pasado unos años, el desgaste hizo que esa prótesis se moviera. Los médicos decidieron, ya dada su edad, no tocarla otra vez. Según ellos era peligroso, tenía los huesos como “papel de fumar” (palabras textuales) y la operación no era muy recomendable. Ella por entonces tendría unos 82 años, asi que “la mi pobre” tiró como pudo con su muleta, hasta que la movilidad fue nula. La pierna ya no aguantaba y la teníamos que llevar en una silla. A partir de ese momento, fué cuando empezó a pegar un bajón muy grande.

La falta de movilidad la llevó a sufrir un ictus (infarto cerebral), que la dejó muy tocada. Dada su naturaleza, siguió adelante, pero su parte derecha se vió afectada. Gracias a Dios la cabeza le rigió hasta el final, aunque creo que para ella eso fué un sufrimiento. Siempre decía ¡ay, que lata os estoy dando!. Yo la decía, ¡calla abuela!, primero nos cuidaste tú ¿no?, pues ahora nos toca a nosotros.

Duró así tres años más o menos. Cada día sus facultades se veían mermadas, y se fué apagando como una vela. Al igual que mi bisabuela, ella también en un momento de lucidez pidió la extrema unción. Ya no se enteró de mucho más. A los dos días falleció. La echaron a dormir como cada día y por la mañana al ir a despertarla…..

No tengo palabras. Volví a sentir la misma tristeza que había sentido años atrás. Lloraba y lloraba, no podía dejar de hacerlo. Incluso ahora mientras lo recuerdo se me caen unos lagrimones que se me nubla hasta la pantalla.

Estas dos mujeres acompañaron una parte muy importante de mi vida, yo siempre las llevo conmigo. Hoy las quería rendir mi pequeño homenaje desde esta chiquita parte de la blogosfera.

¿Qué pensarán ellas cuando vean esto?, aunque parece que las estoy oyendo…¡¡esta niñaaa!!.

3 comentarios

  1. Joooooder!
    Donde hay amor, se nota… ¡dejaté, que sólo leerte me se escapa alguna lagrimilla!

  2. Seguro, que ellas te están cuidando.
    Son parte de ti y viven en tu corazón

  3. Puedo ver tu corazón….
    Besotes!!!
    Saludos!:)


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