¿Me dejas situ que cuente?

Regularmente Situco es nuestro cuenta cuentos preferido. Pero esta tarde de Sábado retomé un poco mi lectura y quería compartir un “cuentuco” de Bucay . Situco me lo descubrió y desde luego tiene unos cuentos apasionantes, sobre todo con mucha ciencia cierta. Hay varios que me gustan pero este en particular demuestra muchas cosas, aplicables a la vida real.

El Portero del prostibulo

Este cuento nos habla de un pueblo donde había un prostíbulo. No había oficio peor visto y pagado que ser portero de dicho negocio. Lo ejercía un hombre que no sabía leer ni escribir, no había ejercido ningún otro tipo de actividad. Simplemente lo heredó de su padre y ahí estaba el buen hombre. ¿Qué podía hacer?.

Un día el propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo su hijo. Un joven con muchos pajaritos en la cabeza, de la noche a la mañana decidió que había que modernizar todo aquello y eso pasaba por renovar métodos de trabajo. Al portero le dijo que quería una planilla semanal, con detalles de todas las personas que entraban y demás. Preguntando como les habían atendido, sugerencias y comentarios. El hombre muy acongojado le dijo que lo sentía pero no sabía leer ni escribir. Entonces el nuevo dueño le dijo que lo sentía pero no estaba dispuesto a tener en plantilla a alguien que no pudiera realizar su trabajo en condiciones y por supuesto no podía esperar a que aprendiese, asi que lo echó a la calle directamente. Le pagó una indemnización y le deseó suerte.

El hombre que nunca había ejercido otro encargo sintió una gran desesperación. ¿Qué iba a hacer ahora?. Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama, o una pata de un mueble, él con unos clavos y un martillo se las ingeniaba para arreglarlo y entonces pensó que podía ser una actividad mientras le salía algo.

En su casa sólo tenía unos clavos oxidados y una vieja tenaza, entonces pensó que tenía que comprar una caja de herramientas. Usaría parte de su indemnización . Entonces se puso a buscar en su pueblo una ferretería pero se enteró que no había y si quería comprar sus herramientas tendría que ir al pueblo vecino. Eso suponía cuatro días en mula, dos de ida y dos de vuelta.

Pero él ni corto ni perezoso para allá que se fué y trajo una buena caja de herramientas. No se había ni quitado las botas, cuando tocaron a su puerta. Era su vecino, venía a pedirle prestado un martillo. Le dijo que acababa de comprarlo para usarlo y trabajar, ya que se quedó sin empleo. Si se lo devolvía temprano no le importaba prestárselo. Así quedó la cosa y el vecino cumplidor le devolvió el martillo como habían acordado, pero le dijo que aún lo necesitaba que porqué no se lo vendía. El buen hombre alegó que lo necesitaba para trabajar y que la ferretería estaba a 2 días.

El vecino le sugirió un trato, él le pagaba los dos días de ida y dos de vuelta, más el precio del martillo. Como el buen hombre estaba sin trabajo no le importó y accedió. Así por lo menos tenía 4 días de trabajo. Pero al volver otro vecino le esperaba en su puerta. Se había enterado del trato con su vecino y venía a proponerle si podría ir y comprarle unas herramientas. Estaría dispuesto a pagarle los días de viaje y una ganancia extra por la herramienta, ya que él no podía perder cuatro días para ir a buscarlo. El ex-portero abrió su caja de herramientas y el otro vecino escogió unas piezas. Le pagó y se fué.

El buen hombre recordó lo que el último vecino había dicho ” no todos podemos perder 4 días para ir a comprar“. Pensó que si eso era así, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas. En ese viaje decidió arriesgar un poco del dinero que le quedaba, trajo más cosas de las que había vendido, así también ahorraba tiempo en viajes.

La voz empezó a correrse por el pueblo. Ya el hombre una vez por semana, viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto entendió que si encontraba un lugar donde almacenar las herramientas, ahorraría en viajes y en dinero. Alquiló un almacén, lo arregló y así en unas semanas se convirtió en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban muy contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del otro pueblo le mandaban los pedidos.

Con el tiempo, su negocio fué creciendo porque incluso venían de los pueblos pequeños más lejanos. Un día se le ocurrió que su amigo el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos, las tenazas…pinzas…cinceles..clavos…tornillos…

Asi que en diez años aquel hombre se transformó en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región, incluso decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de a leer y escribir, todos los oficios más prácticos de la época.

El alcalde organizó una gran fiesta de inaguración y una importante cena en su honor. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y le pidieron que pusiera su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.

El hombre les dijo que sería para él un orgullo poder firmar pero no sabía leer ni escribir. El alcalde perplejo, no podía creerlo,¡ un hombre que había construido un imperio industrial!. Entonces fué cuando le preguntó, ¿qué hubiera hecho usted de haber sabido leer y escribir?. Entonces el hombre con mucha calma le respondió: Si yo hubiera sabido leer y escribir… sería portero de prostíbulo.

Ahí queda eso…

5 comentarios

  1. A veces no somos conscientes de nuestras posibilidades, pero hay que tener determinación… y ganas de trabajar, claro.
    Se lo recomendaría leer a tanta gente… pero hay que tener cuidado, no todo el mundo acepta consejos..

    muy bien merche, jejejeje

    bxcx

  2. Es lo que pasa muchas veces, lo que planeas
    no te sale y lo que haces sin pensar te queda
    perfecto, claro que eso es solo en algunas
    raras ocaciones sin pensar mucho en los
    grandes imperios que se han construido así.

    DTB

  3. HOLA!! La verdad es que no he leído mucho a Bucay. Lo ví un par de veces en televisión y no me encantaba…
    Pero este cuento está genial.
    Tanto para reflexionar…

    Un beso gigante a Xtco y Blancaflor.
    Pali

  4. Tiene mucha razón el cuento, nunca se sabe lo que nos deparará el destino.
    Un besucu mani

  5. Holaaaaaaaa!! Con un poco de vergüenza he de decir que aunque he intentado leer a Bucay no lo he conseguido. Tal vez sea porque no lo hice con el libro adecuado. Me recomendaron “el camino de la Felicidad” y creo que no pasé del tercer capítulo, porque me parecía una especie de “Lavado de cerebro”. Después muchísima gente me habla de “Cuentos para sentir” y “Déjame que te cuente” y me he propuesto leerlos. Ejemplos como el que acabas de poner me animan a ello. Además ya tengo delito siendo librera, jajaja.

    Un besucazo!


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