La amistad

Hoy recordé desde pequeñita hasta ahora lo que representaban para mí muchas personas. Me acordé de mi hermanilla, lo más guapo de Santander, de todo lo pasado, de nuestra epoca de los 15 años (divino tesoro). Nuestras dos hermanillas que están en Figueras y que aunque pase el tiempo no nos olvidamos de ellas.

Recuerdo a tanta gente que he conocido y a la que he cogido tanto cariño, por ser buena gente ante todo. Otros en cambio me han defraudado, pero cada uno allá con sus miserias. Siempre he dado mi mano sin pedir nada a cambio y yo creo que a pesar de no pedir, a cambio, he recibido mucho. Porque el querer lo que hace es que te sientas bien contigo mismo y sobre todo hacer las cosas de corazón.
He conocido a muchas personas, directa e indirectamente. Amigos en la red, que son ya como de mi casa. Amigos que he conocido en la red y luego fisicamente , de los que puedo decir que han sido uno de los hallazgos de mi vida, porque realmente no me he equivocado en nada al catalogarlos y de los que espero seguir disfrutando durante mucho tiempo en su compañía. Hoy casualmente ví a uno de ellos que se había despedido, creo que por pasar una mala racha que él mismo dijo tendría que requerir todo su tiempo. Esas cosas me entristecen, pero al mandarle un mensaje y contestar, ví que todo iba bien, lo cual agradecí ya que sólo los buenos deseos pueden ayudar.

Hay amigos de los que hace tiempo que no sé nada, pero si sé que una llamada, un mensaje, cualquier cosa, ¡zas!, los devuelve a la vida y te llena de alegría. Lo mejor, poder compartir las alegrías y las tristezas. Por eso y por más cosas, creo en la amistad y creo en vosotros. Están todos los que son y son todos los que están.

Compañeros de fatigas

Y ahora un cuento arabe sobre la amitad que leí hace tiempo:

Dice la leyenda que a un oasis llega un joven, toma agua, se aseó y preguntó a un anciano que estaba descansando:

¿Qué clase de personas hay aquí?

El anciano le contestó: – ¿Qué clase de gente hay de donde vienes tú?

Un grupo de malvados y egoistas, estoy encantado de haberme ido de allí, contestó el joven.

A lo que el anciano le respondió: –Lo mismo has de encontrar aquí hijo mio.

El joven se marchó contrariado, al cabo de un rato otro joven se acercó al vergel y le hizo al anciano la misma pregunta que el anterior: – ¿Qué clase de gente vive aquí?.

A lo que el anciano volvió a responder: ¿Qué clase de personas hay de donde vienes tú?

Un magnífico grupo de gente, honestas, amigables, generosas, me duele mucho haberme tenido que ir de allí, contestó el joven alicaido.

El anciano lo miró y brillandole los ojos le contestó: –Lo mismo has de encontrar aquí.

Un hombre que había visto toda la escena le preguntó al anciano, como era posible contestar lo mismo y que fuera tan diferente la respuesta a la vez, le contestó con estas palabras:

Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí. Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

Memorando a mi amigo Situ, el cuentacuentos

1 comentario

  1. claro, generalmente impregnamos de alguna manera por donde pasamos, a la gente que conocemos… siempre queda algo nuestro… lo unico que hay que hacer es “evitar los malos rollos”, las “malas vibraciones” y a la vez no transmitir o trasmitir lo menos posibles nuestro malos ratos… … si, cada uno encuentra lo que es…

    gracias por ser mi amiga jejejee
    muas


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